Henry Kissinger explora profundamente el papel de los hombres de Estado en tanto individuos con una visión clara del interés nacional, capaces de promoverlo en un contexto internacional adecuado y de procurar ciertos niveles de estabilidad. El autor sitúa la participación de los diplomáticos por encima de aspectos relacionados con la estructura económica o los movimientos sociales. Desde este enfoque analiza a personalidades como Richelieu, Napoleón III, Bismarck y Stresemann e incluye su propia experiencia como secretario de Estado del presidente Richard Nixon. Estudioso de la historia diplomática europea y de los conceptos clave sobre los que se ha estructurado, Kissinger utiliza su conocimiento del pasado para comprender la política exterior estadunidense del siglo XX.